Esta semana vi en YouTube la historia de un jugador de futbol profesional que es originario de Ocotlán, Jalisco, mi pueblo natal. Ya había oído que es una persona que venía desde abajo pero no fué hasta que ví los videos esta semana, que conocí los detalles de su vida, contada por el mismo en dos documentales que hicieron acerca de él, uno en HBO y otro en Televisa, antes del Mundial de Sudáfrica 2010.
La historia de Carlos me parece fascinante, ya que me parece casi increíble que habiendo pasado por tantas penurias y dificultades, en medio de un ambiente nada propicio para el deporte, haya destacado de la forma que la ha hecho en el futbol. Otro dato que me sorprende es que ni siquiera sabía jugar ni le interesaba el futbol, hasta casi los 19 años de edad. Esto me parece que es fuera de lo común, ya que normalmente los jugadores que destacan como profesionales, lo hacen cuando sueñan con serlo desde pequeños, y desde muy niños practican y practican con pasión hasta convertirse en profesionales.
Son muchas las lecciones que podemos aprender de su vida, pero en particular, el día de hoy, en este post, me gustaría destacar un aspecto de su historia y que en cierta forma, es aplicable a cualquier persona común, y es que, siempre hay alguien observándonos en todo lo que hacemos, y nunca sabemos el alcance que lo que hacemos o dejamos de hacer puede tener en nuestras vidas.
En el caso de Carlos Salcido, hubo alguien que lo observó jugando en el club Oro y lo llevó a jugar a Chivas y luego hubo otros ojos que lo vieron jugar en Chivas y lo llevaron a la selección y posteriormente al PSV. Pareciera a primera vista que son golpes de suerte, pero yo creo que no, sin ser un experto ni aficionado al futbol, estoy casi seguro que es la constante entrega apasionada a lo que hace, momento a momento, día a día, de tal manera que cuando por casualidad, alguien importante lo ve jugar, su pasión salta a la vista de quien tiene la capacidad de ofrecerle algo mejor.
Personalmente, he visto como esto pasa en el trabajo, todos los días, tal vez no con el alcance que puede llegar a tener un jugador de futbol, pero definitivamente, esto es algo real. Cuantas veces, no hemos tenido la experiencia de que algún cliente, jefe, compañero, maestro o simplemente un extraño, por casualidad nos recomienda o nos hace una oferta importante. Quizas fué por algun buen trabajo que hicimos hace meses o años, tal vez aquella presentación en el trabajo, o el haber ayudado a un extraño en el trabajo, pero la buena impresión ahí queda, y nunca sabemos cuando esa aparentemente acción inadvertida nos pueda cambiar la vida.
La lección que quisiera destacar, es que siempre en todo momento hay que dar lo mejor de nosotros mismos, prepararnos y tratar muy bien a todos con los que convivimos. La vida da muchas vueltas, y tal vez un gesto o un buen trabajo aparentemente sin importancia, puede ser la pauta para que se nos abran oportunidades en el futuro. Como alguna vez leí en algun lado, “La suerte es cuando la oportunidad y la preparación coinciden”
Aquí les dejo el video del documental de HBO donde Carlos habla de su vida: